La equidad de género en educación. Análisis y descripción de buenas prácticas educativas
1. Cita Apa: Rebollo Catalán, M.Á., Piedra de la Cuadra, J., Sala, A., Sabuco Canto, A., Saavedra Macías, F.J. y Bascón Díaz, M.J. (2012). La equidad de género en educación. Análisis y descripción de buenas prácticas educativas. Revista de Educación, pp 129-152.
Recuperado de: https://idus.us.es/handle/11441/31370
2. Resumen:
Esta investigación tiene como propósito el diagnóstico de la cultura de género en los centros educativos y el estudio de buenas prácticas en esta materia. Pretende analizar diferentes prácticas coeducativas desarrolladas en varios contextos escolares de Andalucía. La metodología se llevará a cabo realizando entrevistas, organizando grupos de discusión y a través de la observación sistemática. Además, está fundamentada en las propuestas teóricas del doing gender (Crawford y Chaffin, 1997) y en las aportaciones sobre el análisis de buenas prácticas (Epper y Bates, 2004; Escudero, 2009).
Los resultados de esta investigación muestran gran variedad de prácticas vinculadas a líneas prioritarias del Plan de Igualdad en Educación de Andalucía, manifestados en diferentes contenidos y en diferentes entornos sociales y educativos. El análisis nos descubre dos factores muy importantes: la implicación positiva de la comunidad educativa y la correlación entre el centro y otras instituciones del entorno social en actividades conjuntas.
Estos resultados revelan el papel clave que el Plan de Igualdad está desempeñando en Andalucía gracias a la creación de la figura de profesorado responsable de igualdad como dinamizador de dichas prácticas. Además, destacamos como factores que condicionan el desarrollo y la sostenibilidad de las prácticas: la coordinación entre niveles y ciclos educativos para dar continuidad al trabajo, la estabilidad del profesorado y el trabajo coordinado en toda la comunidad.
3. Introducción:
Este trabajo se sustenta en la noción de diversidad cultural, que se entiende como la diversidad de significados que generamos y que compartimos en un determinado grupo, es decir, como la variedad de formas de estar, ver y construir el mundo, la realidad y las relaciones con los demás (Aguado, 2003). Una de las manifestaciones de la diversidad en educación se ve reflejada en la diversidad de género. La equidad en educación se alcanza cuando se debilita o se rompe la asociación entre la distribución de los beneficios y bienes sociales y los rasgos de género o etnia, o de origen social de las personas (Aylwin, 2000, citado en Bartolomé, 2008, p. 167). La equidad de género hace referencia a la defensa de la igualdad entre hombres y mujeres y se considera un factor clave para lograr la justicia y la cohesión social. La educación se presenta como una estrategia para transformar los modelos, valores y vínculos que reproducen relaciones inequitativas. Este artículo pretende analizar aquellas prácticas escolares que proporcionan oportunidades y experiencias de aprendizaje al alumnado en relación con los valores, los papeles y las relaciones de género, es decir, aquellas prácticas que se centran en analizar y revisar los significados sociales atribuidos en función del sexo, reflexionan sobre ellos y se proponen superar ciertos estereotipos que pueden condicionar el desarrollo académico y profesional del alumnado. Este trabajo se realiza en el contexto institucional y político del Plan I de Igualdad entre Hombres y Mujeres en Educación puesto en marcha por la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía en 2006, entre cuyos objetivos aparecen los de corregir los desequilibrios derivados de estereotipos de género y promover la inclusión de la perspectiva de género en las prácticas educativas. El objetivo principal de este artículo es poner en valor aquellas actividades y prácticas orientadas a la erradicación de las discriminaciones y los estereotipos de género desde la escuela, así como estudiar las condiciones escolares en que se desarrollan y los cambios que introducen en el contexto escolar.
4. Conclusión:
Este estudio recoge la existencia de gran variedad de prácticas coeducativas en los centros en cuanto a propósitos educativos y estrategias de implantación (transversal, interdisciplinar, etc.). Se observa que un factor de éxito de las prácticas es que se encuentran integradas dentro de los proyectos educativos de centro y que se respaldan en los equipos directivos.
Por un lado, los resultados muestran la incidencia de factores externos como que el apoyo de las administraciones e instituciones en esta materia posibilita la coordinación de actuaciones a nivel local. El I Plan de Igualdad entre Hombres y Mujeres en Educación se muestra positivo para el desarrollo de estas prácticas (Junta de Andalucía, 2006; 2011). Por otro lado, en los resultados aparece la incidencia de factores internos, por ejemplo, que la implicación de los equipos directivos, de los equipos docentes y de otros agentes de la comunidad educativa es un aspecto positivo en la sostenibilidad de las prácticas. Además, se puede observar que la implicación del profesorado y su vinculación al proyecto resulta primordial para la consecución de objetivos duraderos. Estas prácticas resultan de la creatividad y de la buena labor del profesorado, así como de las características propias de los centros. Se observa que los centros educativos cuentan con una trayectoria en la realización de prácticas coeducativas; en ellos, un grupo de profesores, miembros del AMPA y un equipo directivo involucrado, llevan a cabo actividades transversales que ocupan todo el currículo.
En el análisis realizado también se observa que al proporcionarle a los padres legitimidad en el centro, su ayuda en implicación son un aspecto elemental en estas prácticas (Harrison y Laberge, 2002; de Pablos, Colás y González, 2010).
Dicho estudio muestra que estas prácticas también implican cambios en las formas que el profesorado tiene de organizarse y trabajar, así como la aparición de nuevas dinámicas de interacción en la comunidad educativa, lo cual genera nuevos significados de las acciones educativas (Aguado, 2000; González, 2007). Por último, el carácter sostenido en el tiempo de estas innovaciones se revela como un criterio clave para que una práctica en esta materia sea considerada buena.
Esto coincide con los estudios sobre prácticas innovadoras y culturas institucionales que las facilitan (Altopiedi y Murillo, 2010; Sánchez-Moreno y López-Yáñez, 2010). El estudio realizado identifica el uso de un conjunto de indicadores en el análisis de buenas prácticas coeducativas tales como la eficacia, la sostenibilidad, la legitimidad, el efecto transformador y la transferibilidad.
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