Género, Mujeres
Cita APA: Palermo, A. I. (2006). El acceso de las mujeres a la educación universitaria. Revista argentina de sociología, 4(7), 11-46.
Concepto: Podemos distinguir dos períodos en relación con el acceso de las mujeres a la educación universitaria: en el primero unas pocas accedieron de forma excepcional o disfrazadas de hombres; en el segundo (que llamaremos proceso sistemático) se produce el acceso de la mujer como género. A pesar del Decreto de la Universidad de Bologna que citamos en el epígrafe, en Italia unas pocas mujeres aristocráticas pudieron ingresar a la universidad a partir de fines de la Edad Media, llegando a obtener el título de doctoras e incluso a ejercer la docencia universitaria, generalmente en la carrera de derecho, lo que se explica porque esa universidad, creada en el Siglo XII, estaba especializada en la enseñanza del derecho. Por esa época, estudiaron y se recibieron en la Universidad de Bologna de doctoras en derecho Bettina Gozzadini y Novella d´Andrea.
Si bien con posterioridad a la caída del Imperio Romano, primó la concepción aristotélica de los roles femeninos y masculinos, y aún en el marco de la universidad medieval clerical y teológica, que tuvo su origen en un pacto entre el Papado y la corona y que tenía como objetivo la preservación y vertebración universal del cuerpo de doctrina aristotélica tomista, la cultura romana conservó el ideal de la importancia que la educación tuvo en la magnificencia del Imperio Romano (Sandoica, Peset, 1994), contexto que posibilitó el acceso de unas pocas mujeres aristocráticas a los estudios universitarios.
Autores como Pollain de la Barre, Bernard La Boivier de Fontelle, Fenelon, Jean Le Rond d´Alambert, madame de Beaumer, Abbé de Mably en Francia Mary Astell, A. Lady y Mary Wollstomecraft en Inglaterra, Benito Feijoo y Josefa Amar y Borbón en España, y la misma Dorotea Erxleben reclamaban el derecho de las mujeres a la educación y al conocimiento e insistían, tanto en las similares capacidades de varones y mujeres como en que la mente no tiene sexo. Pero otros insistían en argumentos en contra de la capacidad de las mujeres de acceder al conocimiento y en los diferentes roles que ambos sexos tienen en la sociedad, destacándose entre ellos Rousseau y Phroudhon . En este clima de debate, a principios del siglo XIX, dos mujeres estudiaron y se recibieron de médicas como varones, tal vez para sortear las barreras que tenían para acceder a la universidad y ejercer una profesión considerada masculina. Ellas fueron Miranda Stuart Barry, graduada en 1812 en Edimburgo y Enriqueta Faver Caven de Renau, quien nació en Suiza en 1791 y se graduó en París, luego de haber enviudado. Al morir en Londres en 1865, se descubrió en su autopsia que era mujer. Ambas trabajaron intensamente en su profesión, como hombres, ya que, según el pensamiento de la época, las mujeres no podían ejercer las profesiones universitarias.
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